Google
 

lunes 29 de junio de 2009

0

Discurso 40 aniversario Día-D

Estamos aquí para conmemorar ese día de la historia en el que los pueblos Aliados se unieron en la batalla para recuperar la libertad de este continente. Durante cuatro largos años, gran parte de Europa estuvo bajo una sombra terrible. Las naciones libres habían caído, los judíos clamaban en los campos, millones gritaban por la liberación. Europa estaba esclavizada, y el mundo rezaba por su rescate. Aquí en Normandía comenzó el rescate. Aquí, los aliados aguantaron y lucharon contra la tiranía en un esfuerzo gigantesco sin igual en la historia humana.

Nos encontramos en un punto de la costa norte de Francia, solitario y azotado por el viento. El aire es suave, pero hace cuarenta años en este momento, el aire estaba denso de humo y gritos de hombres, lleno del golpeteo de los fusiles y el rugido de los cañones. Al amanecer, en la mañana del 6 de Junio de 1944, 225 Rangers saltaron del buque de desembarco británico y corrieron a la base de esos acantilados. Su misión era una de las más difíciles y atrevidas de la invasión: escalar esos escarpados y desolados acantilados y eliminar los cañones enemigos. Los aliados habían recibido información de que algunos de los cañones más poderosos estaban ahí y que serían dirigidos a las playas para detener la invasión aliada.

Los Rangers levantaron la vista y vieron a los soldados enemigos, en el borde de los acantilados disparándoles con ametralladoras y lanzando granadas. Y los Rangers americanos empezaron a escalar. Dispararon escalas de cuerda sobre los acantilados y comenzaron a ascencer. Cuando un Ranger caía, otro ocupaba su lugar. Cuando se cortaba una cuerda, un Ranger cogía otra y comenzaba de nuevo el ascenso. Escalaron, devolvieron los disparos, y mantuvieron la posición. Pronto, uno tras otro, los Rangers alcanzaron la cumbre, y tomando el terreno firme sobre esos acantilados, comenzaron a recuperar el continente europeo. Doscientos veinticinco vinieron aquí. Después de dos días de combates solo noventa podían aún llevar sus armas.

Detrás de mi hay un monumento que simboliza a los arrojados Rangers que se lanzaron sobre la cumbre de estos acantilados. Y detrás de mi están los hombres que les pusieron allí.

Estos son los muchachos de Pointe du Hoc. Estos son los hombres que tomaron los acantilados. Estos son los campeones que ayudaron a liberar un continente. Estos son los héroes que ayudaron a terminar una guerra.

Señores, les miro y pienso en las palabras del poema de Stephen Spender. Sois hombres que en vuestras "vidas luchasteís por la vida... y dejásteis vívido el aire firmado con vuestro honor".

Han pasado cuarenta veranos desde la batalla que luchásteis aquí. Erais jóvenes el día que tomásteis estos acantilados; algunos de vosotros apenas erais más que muchachos, con los más profundos placeres de la vida ante vosotros. Y aun así lo arriesgasteis todo aquí. ¿Por qué? ¿Por qué lo hicísteis? ¿Qué os impulsó a poner a un lado el instinto de supervivencia y arriesgar vuestras vidas para tomar estos acantilados? ¿Qué inspiró a todos los hombres de los ejercitos que se unieron aquí? Os contemplamos, y de algún modo sabemos la respuesta. Era fe, y creencia; era lealtad y amor.

Los hombres de Normandía tenian fe en que lo que hacían era correcto, fe en que luchaban por toda la humanidad, fe en que un Dios justo les concedería clemencia en esta cabeza de playa o en la siguiente. Era el conocimiento profundo - y quiera Dios que no lo hayamos perdido - de que hay una profunda diferencia moral entre el uso de la fuerza para la liberación y el uso de la fuerza para la conquista. Vostros estabais aquí para liberar, no para conquistar, y así ni vosotros ni esos otros dudásteis de vuestra causa. Y hacíais bien en no dudar.

Todos sabíais que hay cosas por las que merece la pena morir. El país de uno, es una causa por la que morir, y la democracía es una causa por la que morir, porque es la forma de gobierno más profundamente honorable que ha creado el hombre. Y todos amabais la libertad. Y todos estabais deseosos de combatir la tiranía, y sabíais que la gente de vuestros países os respaldaba.

jueves 25 de junio de 2009

0

ESTAMOS DE VUELTA

Como veis he tomado otro de mis largos periodos de descanso y vagancia pero ya estamos de vuelta. Además de los post tenemos a vuestra disposición un canal sobre la SGM con documentales y películas varias sobre el tema y que podreis ver en este vuestro blog.
Edito: la televisión del blog ya la podeis ver al principio del mismo. Os explico: lo que sale automáticamente es una lista de reproducción predeterminada. Si pulsais en "on demand" podreis elegir aquel documetal o aquella película que deseeis ver sin necesidad de esperar a que llegue a la lista. Ya teneis disponibles 4 documentales y 2 películas pero pronto habrá mucho más.
Un saludo

martes 14 de abril de 2009

0

Banderas de nuestros padres

Aunque la mayoría de las opiniones tienden a dedicar más alabanzas a su hermana gemela "Cartas desde Iwo Jima" la verdad es que, sin ser la mayor obra maestra del género, es una de las mejores películas de la temática de los últimos tiempos ya que trata como pocas como unos pocos afortunados disfrutaron de aquello que muchos se ganaron.
Sinopsis: Los hechos se centran en la Batalla de Iwo Jima, a finales de la Segunda Guerra Mundial, y de la famosa imagen de los soldados norteamericanos alzando la bandera estadounidense, momento que inmortalizó el fotógrafo Joe Rosenthal.
Se estrenó el 20 de octubre de 2006 en Estados Unidos, llegó a España el 3 de enero de 2007 y a México el 27 de enero del mismo año.




lunes 13 de abril de 2009

1

OPERACIÓN HAUDEGEN

La isla de Nordaustlandet en el archipiélago de Svalbard (Spitzbergen) se encuentra en el paralelo 80, es decir a 10 grados del Polo Norte. En ese lugar los alemanes decidieron instalar una estación meteorológica para la Luftwaffe y la Kriegsmarine. El nombre en código de la operación fue "Haudegen" (Estocada).

Como comandante en Jefe de la Operación Haudegen fue nombrado el Teniente Dege, una designación que nada tenía de fortuita. Wilhelm Dege, nació el 9 de octubre de 1910 en Bochum, ciudad que queda a orillas del Rurh, al noreste de Düsseldorf.

Después de su graduación, a partir de 1931, Wilhelm Dege estudió durante tres años en la Academia de Dortmund y luego fue profesor en una escuela de Münster. Estudió también Geografía, Geología y Prehistoria. En 1939 obtuvo su doctorado con la tesis de grado "Forschungsreisen to Spitzbergen", basada en su trabajo en Spitzbergen durante los años 1935, 1936 y 1938.

Como oficial de la Wehrmacht, y por sus conocimientos del idioma y del país, el Doctor Dege fue enviado a Noruega con el nombramiento de director de la expedición meteorológica de Spitzbergen. Con esa experiencia el Teniente Dege fue luego designado Comandante de la Operación Haudegen.

Después de la guerra, Wilhelm Dege retomó su trabajo de profesor y continuó sus investigaciones geográficas en la Academia de Dortmund. Se retiró en 1976 y falleció el 21 de diciembre de 1979.

Como especialista, Dege participó en la remodelación de las nave arrastrera Carl J. Busch que sería enviada a Svalbard dotándola de las características necesarias para la labor científica, tanto climatológica como oceanográfica en un lugar tan agreste como el Polo Norte. Todos los miembros rigurosamente seleccionados para participar en la misión secreta fueron entrenados durante un año en diversos lugares de los Alpes.

El 5 de agosto de 1944 el barco Carl J. Busch zarpó de Sassnitz rumbo a Narvik, adonde llegó el 16 de agosto. Inmediatamente transfirió la carga para el almacén de Wahlenbergfjorden desde donde fueron a su vez transferidas al submarino U-357. Poco después el U-Boot tuvo que desembarcar la carga porque le ordenaron tomar parte inmediatamente en las operaciones contra convoyes aliados en el área Bjørnøya-Nordkapp.

Pero el submarino no regresó a tiempo y fue reemplazado por el U-307 al mando del Teniente Friedrich-Georg Herrle, quien debía transportar parte del personal de la expedición y escoltar al Carl J. Busch. Las dos naves zarparon el día 10 de setiembre de 1944. Burlando el bloqueo de la marina británica, el 13 de setiembre llegaron a Rijpfjorden, fondeando en la bahía de Wordiebukta.

Por primera vez en la historia, una nave circunnavegó el archipiélago de Svalbard con el objeto de verificar que no hubiera presencia aliada y para realizar el mapeo del archipiélago. Luego Dege decidió el lugar al norte del Archipiélago de Svalbard en la isla de Nordaustlandet, para levantar la estación meteorológica en el resguardado fiordo Rijpfjord, en Vestfonna.

Con muy poca luz debido a la fecha y el invierno en ciernes, comenzaron a instalar el campamento con placas laminadas de fibra y ventanas de plexiglás. Instalado el campamento y aproximándose el invierno que bloquearía la bahía, era tiempo para que los barcos zarparan. El Carl J. Busch y el U-307 regresaron a Tromsö.

Fueron colocadas cubiertas de camuflaje de color blanco sobre las barracas y prepararon los globos meteorológicos de hidrógeno, los anemómetros, barómetros y demás sensores y el equipo de radio. La jornada de trabajo en la estación comenzaba a las 07:30 de la mañana y terminaba a las 18:00. A las 20:00 horas se transmitían los mensajes, luego cantaban, leían libros de una surtida biblioteca y de vez en cuando brindaban con vino de manzana, Steinhäger un gin con cualidades digestivas o Bols, un licor de varios sabores. A las 23:00 se cerraba la jornada y todos se iban a dormir.

El completo estado de aislamiento, con temperaturas bajo cero, sirvió de experiencia para futuras operaciones similares, tanto en el Ártico como en el Antártico. En esas condiciones, Dege fue capaz de mantener la disciplina y la moral del reducido grupo de 11 hombres que componía la dotación de la estación meteorológica, a pesar de las duras condiciones de vida en ese inhóspito medio ambiente. Aparte de defenderse de los osos, de los cuales tuvieron que matar a cuatro de ellos y cuidar de dos cachorros, tenían que tener algún tipo de actividad recreativa y Dege se las ingeniaba para mantener a los hombres ocupados y con buen estado de ánimo. Entre otras cosas, el profesor de 35 años les dictaba clases de literatura alemana, ciencias, geografía, filosofía, física, música y matemáticas a ese grupo de entusiastas alumnos de no más de 20 años de edad.

De los cinco miembros de la expedición que viven actualmente, Heinz Schneider era cabo de la Kriegsmarine operador de radio en la zona de Cherburgo cuando se enteró que estaban solicitando voluntarios para una misión especial en una zona muy fría.

Siendo buen esquiador y experto en montañismo e incursiones en invierno además de la experiencia en estaciones meteorológicas, aceptó el reto y más tarde agradecía las clases de Dege, puesto que debido a la guerra Schneider interrumpió su educación. Siegfried Czapka, a los 19 años, era otro de los voluntarios que sólo sabía que iría a una zona gélida, montañosa y aislada en misión secreta, y por tanto la Kriegsmarine solamente les informaría a los familiares, una vez al mes, que sus hijos estaban bien, sin lugar a que respondieran.

Después de la guerra Czapka se convirtió en un científico dedicado a las exploraciones polares y tiene escritos varios libros sobre el tema. En la actualidad, cuenta con 80 años de edad. Heinrich Ehrich, era también radio operador y recibió entrenamiento sobre los equipos de radio y meteorológicos además del entrenamiento físico, igual al de sus otros compañeros. Las señales codificadas con los datos que tomaba Dege eran transmitidos por Ehrich diariamente a las horas convenidas.

Durante un año, la estación meteorológica transmitió los informes del clima, datos que eran de extrema utilidad para las operaciones en el norte de Europa. El 2 de mayo, mientras hacía su turno en la radio, el operador Ehrich recibió la noticia de la muerte de Hitler y le sugirió a Dege que izaran la bandera a media asta. El 8 de mayo de 1945, Dege recibió la información de Tromsö que la guerra había terminado y decidió comunicarse con los Aliados para entregar la base. Destruyeron los explosivos, menos el armamento para protegerse de los osos y Dege enterró los documentos secretos. Aunque tenían reservas de alimentos para dos años, la espera fue tediosa. A partir de ese momento la radio quedó silenciosa, nadie se volvió a comunicar con la estación.

Para prepararlos a lo que vendría Dege comenzó a dictar clases de democracia y a instruir a los jóvenes sobre lo que les esperaba una vez que llegaran a Alemania. La mayor preocupación entre todos era el estado en que encontrarían a sus familiares. Pero el trabajo en la estación continuaba y siguieron transmitiendo los datos meteorológicos pero ya sin codificarlos.

Finalmente en agosto, recibieron la comunicación de que serían recogidos por un barco noruego y debían rendirse ante el capitán de la nave. La nave cazadora de focas "Blaasel" al mando del capitán Ludwig Albertsen, llegó el 3 de setiembre de 1945, cuatro meses después de la rendición de Alemania, afortunadamente a tiempo, antes que los hielos bloquearan la bahía durante todo el invierno.

Dege hablaba perfectamente el noruego y no tuvo mayores problemas con los marinos recién llegados. Luego de comer le dijo al capitán Albertsen que era el momento de los formalismos de la rendición, asunto que el capitán noruego no tenía la menor idea de cómo afrontar. Wilhelm Dege sacó su pistola, la puso sobre la mesa y anunció su rendición. Al ver la Luger sobre la mesa, el asombrado Albertsen le preguntó a Dege si podía quedarse con ella. Luego Dege redactó un documento de rendición que ambos firmaron. Al día siguiente 4 de setiembre, con muy mal tiempo la nave estaba lista para zarpar.

Los 11 prisioneros llegaron a Tromsö el 13 de setiembre donde permanecieron en un campo de prisioneros durante meses antes de ser liberados y enviados a Alemania. Los 11 hombres tomaron diversos rumbos y debido a la guerra fría quedaron separados para no volverse a encontrar más. La Estación Haudegen quedó intacta y desde entonces sirvió como refugio para los que pasaran por ahí, pero el clima y los recolectores de recuerdos la han deteriorado casi completamente, pese a que en la actualidad es una zona protegida por el gobierno noruego.

Wilhelm Dege escribió un diario en la estación Haudegen y no fue capturado por los aliados. Fue el hijo de Dege, el Dr. Eckart Dege quien años después, en 1985, fue a Svalbard para recuperar el diario y otros documentos, cuidadosamente enterrados por Dege en un lugar secreto. En esos documentos están todos los detalles de la operación realizada durante el año en que estuvo funcionando la Estación Haudegen.

Entre los numerosos libros escrito por Wilhelm Dege después de la guerra, se encuentra "Gefangen im arktischen Eis Wettertrupp »Haudegen« - die letzte deutsche Arktisstation des Zweiten Weltkrieges" que trata sobre la Operación Haudegen y que fue traducida al inglés en el 2004.

Años después, los datos radiados por la estación Haudegen fueron analizados y estudiados, brindando valiosa información para el pronóstico del clima en el hemisferio norte. Lo que fue una expedición de tipo militar, finalmente fue reconocida como de gran valor científico por la UNESCO.

ESTE ARTÍCULO ES UNA COPIA EXACTA DEL REALIZADO POR Kurt Meyer MAGNÍFICAMENTE Y PRESENTE EN LA PÁGINA MUNDOSGM:
http://www.mundosgm.com/smf/index.php?topic=2517.0
No dejeis de visitar ese magnífico foro, un saludo.

miércoles 8 de abril de 2009

0

Frases célebres sobre la guerra (II)

- Un buen general no solo sabe encontrar el camino a la victoria,sabe ademas cuando esta es imposible. Erwin Rommel
- "Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadraos ante él, es un héroe, es un español..." Jürgens, General de Artillería y Comandante General del XXXVIII Cuerpo de Ejército de la Wehrmacht.
- La Luftwaffe es invencible, ahora habrá que dirigirse a Inglaterra y, ¿cuánto nos durará? ¿2 ó 3 semanas acaso? Herman Göering.
- "Hubiera sido más fácil pelear solos aún con insuficientes tropas, que tener que responsabilizarnos por la falta de habilidad para combatir de nuestro aliado y su dudosa lealtad hacia nosotros" Mariscal de Campo Kesselring durante la evacuación alemana de Sicilia Ago. 1943.
- "Ningún bombardero enemigo puede alcanzar el Ruhr. Si sólo uno alcanza el Ruhr, no me llamo Göring. Podréis llamarme Meyer." (Meyer es un extendido apellido yídish, esto es, judío). Göering.
- "...menos amigos, muy pocos hijos, muy pocos aliados, muy pocas armas: he aquí las causas de nuestra derrota...." Mariscal Pétain, junio 1940.


Ahora unas cuantas de uno de los grandes oradores del siglo XX: Winston Churchill

- "A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada".
- "Aunque personalmente me satisfaga que se hayan inventado los explosivos, creo que no debemos mejorarlos."
- "El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse."
- "Hitler sabe que ha de destruirnos aquí, en nuestra isla, o perderá la guerra."

martes 7 de abril de 2009

0

La reunión de Hendaya o como el egoísmo de Franco nos salvó de entrar en la guerra

La guerra había comenzado como una continuación revanchista de los conflictos paneuropeos de principios de siglo pero había degenerado rapidamente en una nueva forma de hacer guerra, más rápida y destructiva, pero también más peligrosa para la población civil y lejos de aquellas hazañas honorables como la tregua de Navidad, las aventuras de exploradores/militares como Lawrence de Arabia o las guerras de guerrillas de los alemanes en África.

En apenas 2 semanas los alemanes habían conseguido algo imposible en una guerra sin fin que duró 4 años (la Gran Guerra); habían conseguido conquistar ni más ni menos que la otrora potente y chobinista Francia, ahora convertida en una entidad sin liderazgo y ocupada por los alemanes o por los franceses colaboracionistas de Vichy. Pero on solo ahí acababan las conquistas alemanas, sino que Polonia y los países nórdicos e, incluso, los neutrales Países Bajos.

En este contexto de victoria alemano/italiana en todos los frentes y ante la inminente derrota británica en los cielos Hitler y Mussolini optaron por buscar ese favor que un dictador fascista les debía ya que, al fin y al cabo, las tropas del eje habían ayudado en la guerra civil como ninguna otra potencia. Ese hombre con el que se reuniría el Führer era ni más ni menos que el Generalismo, el Caudillo Franco. El objetivo: una posible entrada en la guerra de las curtidas tropas nacionales que tan bien lucharon con sus propios hermanos republicanos.

Además Hitler buscaba en una futurible entrada en la guerra de España el control del estrecho de Gibraltar, paso al Mediterráneo, que impediría una invasión a los territorios del Eje desde el sur. Las demandas territoriales sostenidas como punto de partida por ambas dictaduras para afrontar las negociaciones eran:
- Por parte de Hitler, la cesión de una de las Islas Canarias, una base naval en Mogador o Agadir y, al parecer, la isla de Fernando Póo.
- Por parte de Franco, además de la colonia británica de Gibraltar, Orán, Marruecos y Guinea, parte integrante del imperio colonial francés. Además se sugirió la posibilidad de tomar también el Rosellón francés.

Cuando llegó el tren oficial “Erika” desde París Hitler bajó impaciente al no ver a Franco. Este por su parte llegó ocho minutos tarde y cuando descendió del vagón, Hitler y von Ribbentrop le esperaban al pie de la escalerilla. Franco vestía uniforme militar con gorro cuartelero, mientras que Hitler usaba el uniforme del Partido, con gorra de plato. El barón Von Stohrer hizo las presentaciones y luego, juntos, los dos jefes de Estado revistaron las tropas.

La entrevista se celebró en el coche-salón. En el momento de subir se le comunicó al embajador de España en Berlín, Espinosa de los Monteros, que ni él ni Von Stohrer iban a participar en la reunión. Así pues, a la entrevista asistieron únicamente Franco, Hitler, von Ribbentrop, Serrano Suñer y como intérpretes, por parte alemana Gross y por parte española el barón de las Torres.

Tanto Hitler como Franco realizaron largas exposiciones cada uno con sus respectivos argumentos. Así, Hitler exigió a Franco la entrada inmediata en guerra y le comunicó que los paracidistas estarían listos para atacar Gibraltar en enero de 1941. Por su parte Franco informó de los graves problemas de hambrunas que afectaban a una población destrozada tras la guerra y exigió la llegada de cien mil toneladas de trigo. Ante esto Hitler perdió los nervios. Franco siguió exponiendo sus exigencias que, ante todo, buscaban la no entrada en guerra ya que Franco se había entrevistado con el oficial de inteligencia alemán Canaris (ver entrada sobre él en el blog) que le había comunicado que Alemania no podría ganar esta guerra:
- Gran Bretaña no estaba derrotada y buscaba la ayuda de los EEUU.
- El ejército italiano y el español estaban tecnólogicamente atrasados y supondrían una carga para Hitler
- El trigo, petróleo, maquinaria y carros de combate que exigía Franco eran inaceptables para la industria alemana.

La reunión, sin embargo, no fue un absoluto fracaso y Hitler consiguió salir de Hendaya con una promesa española de entrada en la guerra bajo el brazo, tras presiones y amenazas veladas a Franco, a quien Hitler insistió en que "debe tomar una determinación y no permanecer ignorante a los acontecimientos, y a que las tropas se hallan en los Pirineos". Rechazado en primera instancia por Serrano y Franco, el segundo protocolo constituye un firme compromiso con el Eje, lo que reconoce el mismo Serrano Suñer, aunque no deja de ser vago y cede a criterio de España la fecha de entrada en el conflicto. El protocolo secreto español fue probablemente destruido con posterioridad al conflicto, y lo mismo se temía del alemán hasta la salida a la luz en 1960 por parte del departamento de Estado de EEUU. Las posteriores negociaciones establecidas principalmente con Mussolini, que, aunque tenía más vínculos ideológicos y culturales con el Régimen Franquista lo veía como un potencial competidor, y el cambio de rumbo de la guerra impidieron la entrada española.

Ahora bien, la entrada en guerra de España podía haber tenido consecuencias tanto positivas como negativas:
- Positiva: la derrota alemana habría provocado el derrocamiento del regimen franquista y la imposición de la democracia ahorrando al país 40 años de aislamiento y hambre. A su vez habría aumentado el desarrollo tecnológico del país.
- Negativa: por supuesto las graves pérdidas humanas y materiales junto a la más que segura muerte de la población judía española muy numerosa y fuente de cultura. Esto último se hace también extendible a gitanos, comunistas y anarquistas... que aunque sufrieron graves persecuciones tras la guerra no fueron ni mucho menos tanto como las de los alemanes que acabaron con más de 15 millones de muertes en campos de concentración.