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jueves 15 de octubre de 2009

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Holanda en la Segunda Guerra Mundial (capítulo completo)

Capítulo completo de Europa en Dos Bandos, los estados europeos durante los años treinta y la Segunda Guerra Mundial
PAÍSES BAJOS

- Situación tras la Gran Guerra

Los Países Bajos u Holanda permanecieron neutrales durante toda la Gran Guerra. Gracias a ello tuvieron la oportunidad de aumentar el mercado exterior para sus productos, especialmente en lo que a maquinaria y armamento o municiones se refiere. Aún así, la dificultad de comercio con países beligerantes y la inseguridad de las rutas comerciales, tanto marítimas como terrestres, provocó el racionamiento de alimentos hasta 1918. Unido a la masiva llegada de refugiados belgas y a la presión de la diplomacia alemana y británica conllevó una fuerte agitación social. Esta agitación se vio reflejada en los cambios constitucionales del año 1917, que buscaban relajar los ánimos a las clases conservadoras y proletarias. Se aprobó el sufragio universal masculino y el voto obligatorio, así como la posibilidad de una enseñanza tanto pública como privada.

Casi inmediatamente después de acabar la contienda el país se encontraba inmerso en un crecimiento económico que permitió que fuera uno de los territorios que antes alcanzó las cifras de producción industrial existentes en tiempos prebélicos. De esta forma los Países Bajos se convertían en una zona industrial dentro de la vieja Europa. Este fuerte crecimiento se prolongó durante la mayor parte de los llamados “felices años veinte” y se caracterizó por la copia del estilo de vida americano, incluyendo su música y la moda predominante en América.

Tras la euforia y las ansias por olvidar de los años veinte llegó la Gran Depresión, que no hizo sino fomentar un clima de desánimo masivo y grave crisis económica que el gobierno conservador del presidente Colijn no pudo solucionar. Lejos de las medidas que iban tomando otros países, encabezados por el New Deal de Roosevelt, apenas se producían avances en materia social o económica. Ejemplo de ello es que el país no adoptó el patrón oro hasta el año 1936, siendo uno de los países más afectados por la crisis en ese momento. Se alcanzó el 40% de paro entre la población activa, motivando la aparición de grupos extremistas, tanto marxistas y anarquistas como fascistas y nacionalsocialistas. Estos últimos comenzaron una etapa de crecimiento que se vio estancada debido al antisemitismo reinante en los mismos.

- Amenaza alemana y neutralidad holandesa

En el año 1933, Marinus van der Lubbe fue acusado de incendiar el Reichstag. El holandés fue encerrado y condenado a muerte en la guillotina. Poco después se sucedieron las detenciones de todo tipo de militantes de izquierda en Alemania. El extremismo nazi alcanzaba así la cima del poder político y comenzaba a volver sus ojos hacia Europa. En los Países Bajos empezó a palparse un clima de inseguridad que llevaría al gobierno a comenzar la modernización del más que anticuado ejército nacional.

Poco a poco se iban sucediendo las conquistas nazis por toda Europa: Austria, Checoslovaquia… Cuando Hitler posó su mirada sobre Polonia dio comienzo la Segunda Guerra Mundial. Los Países Bajos esperaban que se respetase su neutralidad como sucedió durante 1914, pero esta vez tenía enfrente a otra Alemania muy distinta. Tras aniquilar el ejército polaco la maquinaria de guerra alemana se fijó en los países nórdicos, ricos en materias primas y zona imprescindible para el control del mar Báltico. Al poco tiempo cayeron Noruega y Dinamarca. La primera seguía contando con ayuda británica y francesa en la zona del puerto de Narvik, pero la capital y las ciudades más importantes ya habían caído.

Pronto les llegó la hora a los países neutrales del centro europeo, futuro Benelux, formado por Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. Frente a la frontera holandesa el alto mando del ejército alemán (OKH) había desplegado el Grupo de Ejércitos B, al mando del general Fedor von Bock, que comprendía el 18º Ejército (Küchler) y el 6º (Reichenau), situados entre Nimega y Maasrtich.

- Guerra, ocupación y liberación

+ Invasión alemana


En la noche del día 10 de mayo de 1940 comenzó el ataque combinado contra Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Francia. El objetivo era claro para los alemanes: atacando las neutrales Bélgica y Holanda el Grupo de Ejércitos B de von Bock realizarían una rotura en la frontera francesa por el norte con el fin de acabar con cualquier tipo de refuerzo llegado desde Gran Bretaña. Su misión sería también acabar con cualquier intento de refuerzo que intentara alcanzar las líneas francesas permitiendo al Grupo de Ejércitos A de Gerd von Rundstedt y al Grupo de Ejércitos C de Wilhelm von Leeb realizar una maniobra de envoltura.

De esta forma durante la noche del día 10 la Luftwaffe realizó una serie de bombardeos sobre los aeródromos holandeses destinados a acabar con las fuerzas aéreas del país. Acto seguido tomaron tierra los paracaidistas, intentando capturar La Haya y sus aeródromos. Lo mismo hicieron en Rotterdam. En el primer caso la ofensiva aérea fracasó y no permitió el aterrizaje de decenas de aviones con tropas a bordo. En Rotterdam, en cambio, la situación favoreció desde un primer momento a las tropas de asalto y paracaidistas alemanas. Pequeños equipos especiales tomaron los edificios públicos principales mientras los paracaidistas tomaban tierra en el aeródromo de Waalhaven, doblegando a las tropas allí guarnecidas en una confusa lucha. Tras la toma o retirada de algunos de los aeropuertos holandeses los comandos de asalto intentaron la toma de los puentes sobre los sucesivos canales que servían de defensa. En la mayor parte de las operaciones los puentes fueron volados o los comandos inutilizados.

A pesar del relativo éxito de algunas de las operaciones que el ejército alemán había llevado a cabo hasta ese momento en la zona, este todavía debía tomar todo el territorio holandés desde la frontera del este. Dicho territorio fue inundado por las tropas holandesas con el fin de retrasar el avance de las tropas mecanizadas. Los holandeses mantenían tres líneas fortificadas o de fuerte resistencia: los ríos Yssel y Mossa, la línea Peel-Raam y la línea Grebbe.

Un primer intento de cruzar los ríos al asalto acabó con la derrota alemana pero, poco después, se vio reflejada la superioridad aérea alemana cuando los bombarderos de la Luftwaffe destruían las fortalezas, algunas con siglos de antigüedad.
Durante el día 11 los intentos holandeses de acabar con las tropas alemanas en Rotterdam se repetían sin éxito. Durante la noche del 10 al 11 los alemanes habían sobrepasado en algunas zonas los ríos Yssel y Mossa y la línea Peel-Raam. Mientras, en el norte de Bélgica, las tropas alemanas tomaron el fuerte Eben-Emael y alcanzaron la línea Peel-Raam por el sur. Los franceses de la 1ª División Motorizada que venía en refuerzo de las tropas holandesas tuvo que replegarse hacia el sur. La 9ª División blindada de von Hubicki consiguió tomar contacto con los paracaidistas en Moerdyck, cerca de Francia, rompiendo contacto con los holandeses.

La ofensiva desde el sur fracaso al llegar a la línea Grebbe, donde se concentraron gran cantidad de tropas defensoras. Ante el cariz de los acontecimientos tanto la Casa Real como el Gobierno partieron hacia Gran Bretaña el día 13.

El 14 de mayo llegó un ultimátum desde Alemania a los defensores de Rotterdam: o entregaban la ciudad o serían bombardeados cruelmente. Oficiales de alto rango negociaban la capitulación poco antes de que el plazo expirara y quizás por ello los bombarderos no recibieron la orden de detenerse y comenzaron a arrojar cargas explosivas sobre Rotterdam, matando a cerca de 700 civiles y dejando una desoladora estampa.

Tras el bombardeo de Rotterdam los alemanes enviaron otro ultimátum con contenido similar anunciando el bombardeo de nuevas ciudades como Utrecht. Ante esta situación y el convencimiento de que las líneas de defensa no aguantarían mucho más el general Winkelman, encargado de la defensa, solicitó al Alto Mando alemán el fin de las hostilidades y la firma de la capitulación solo válida para territorio europeo. La guerra seguiría desde 1941 en las colonias del Pacífico, donde los japoneses estaban preparando una gran ofensiva. Estas colonias serían dirigidas desde Londres por el gobierno en el exilio.

Tras el ataque a Peral Harbour el 7 de diciembre de 1941 los territorios holandeses de ultramar comenzaron a atraer a los japoneses. Tras la conquista de Birmania, Filipinas y Singapur, donde más de 100.000 británicos fueron hechos prisioneros en la peor derrota del Pacífico, la flota japonesa puso rumbo a Indonesia. La flota aliada fue derrotada y la mayoría de sus buques acabaron en el fondo del mar. Cerca de 900 holandeses fallecieron durante el combate. Cuando los japoneses invadieron Indonesia las tropas holandesas crearon un plan de defensa móvil que fracasó al cabo de unos tres meses. Como ocurrió en otras muchas colonias europeas los ciudadanos que habían nacido en la metrópolis fueron internados en varios campos de concentración, siendo obligados a realizar trabajos forzosos. Junto a ellos más de 100.000 indonesios crearon pistas de aterrizaje, cuarteles y barracones. Al final de la guerra se estima que entre el 30 y el 60% de los prisioneros fallecieron por las condiciones de insalubridad y las escasas raciones.

Tras las victorias norteamericanas en las batallas de Midway y Mar del Coral se comenzó a allanar el camino para la reconquista de los territorios europeos en Asia. Pero la situación en Indonesia no volvería a ser la misma. Acabada la contienda aumentaron de forma significativa los movimientos nacionalistas por parte de los nativos. El Partido Nacional de Indonesia (PKI, siglas originales), dirigido por Sukarno, nacionalista famoso en las islas, declaró la independencia del país. Los holandeses realizaron varias acciones militares condenadas por las Naciones Unidas y, cuatro años después, concedieron la independencia al país.

+ La vida en zona ocupada y resistencia

Tras el apaciguamiento de las zonas conquistadas y la aparentemente cercana victoria alemana sobre los aliados, el pueblo holandés comenzó a rehacer su vida. A pesar de la ferocidad con la que se llevó a cabo la invasión y los numerosos destrozos que esta ocasionó en algunas ciudades como Rotterdam, pronto la situación cambió a mejor. Las causas principales recaen en el pensamiento ario de los nacionalsocialistas y en la escasa disposición del pueblo local a la sublevación.

El primer aspecto se entiende como la aceptación de los alemanes de sus vecinos occidentales como miembros de la raza superior, ya que ambos pueblos compartían y comparten rasgos comunes. De esta forma, como en Noruega, Holanda gozó de una mayor autonomía hasta la fase final de la guerra. En lo referente al conformismo de la mayor parte del pueblo la causa recae en la situación geográfica e histórica: el terreno holandés se caracteriza por la escasez de alturas y la inmensidad de las llanuras. Unido a la escasa preparación militar del pueblo holandés, que no había luchado desde el siglo XIX, hacia poco propicia la lucha de desgaste y guerrilla.

La mentalidad jugó también un papel determinante. Gran parte de la ciudadanía consideraba a sus líderes políticos poco menos que unos ineptos y veían en la masificada y productiva economía alemana la forma de salir de la crisis acuciante. Así, en un primer momento, se llegó a ver con buenos ojos una temporal ocupación alemana del país.

No obstante, a partir de la llegada de las SS y la GESTAPO y el comienzo de las deportaciones de judíos, los holandeses comenzaron a ver al invasor con otros ojos. Muchos fueron los que dieron su vida para salvaguardar la de la población semita en áticos y bodegas, dando lugar a casos como el de Ana Frank. Ante la imposibilidad de resistencia violenta por los aspectos anteriormente descritos comenzaron a aparecer nuevas formas de protesta: resistencia pasiva, ausencia de trabajadores para puestos de trabajo esenciales (véase fábricas de munición), pequeños sabotajes, ignorancia hacia las leyes alemanas…

La deportación de cientos de judíos llevó a una huelga ferroviaria generalizada y a fuertes disturbios, que acabaron con decenas de heridos y un impresionante despliegue militar. Holanda fue el único país ocupado que protestó de forma reiterada y organizada contra la deportación y asesinato de judíos. Aún así, las marchas pacíficas y no tan pacíficas no pudieron impedir la muerte de unos cien mil judíos neerlandeses, sobreviviendo alrededor de treinta mil, un 25% del total.

Uno de los momentos en que la población se manifestó de forma más enérgica fue tras la prohibición de los colores nacionales. Además de la retirada de banderas tricolores se condenó enérgicamente el color naranja como símbolo nacional y también de la resistencia. Como respuesta la población salió a las calles con miles de brazaletes naranjas, haciendo llegar al comisario austriaco-alemán Seyss-Inquart su réplica.

Durante la operación Market-Garden se produjeron alzamientos de la resistencia en aquellos lugares donde los americanos y británicos iban llegando. Se sucedieron acciones de represalia contra los colaboracionistas y las prostitutas que se habían acostado con alemanes. Estas acciones iban desde los cortes de pelo a las mujeres hasta los asesinatos sumarios a algunos hombres. Tras el fracaso de la operación (como se puede leer en el siguiente apartado) se sucedieron las represalias, esta vez por parte alemana.

Cerca de un millón de personas perecieron durante el invierno de 1944-45 debido al hambre y a la situación de los campos y ciudades tras los combates de septiembre. La falta de suministros de las tropas alemanas llevó a la Wehrmacht a confiscar prácticamente todos los alimentos existentes. Que el invierno fuese uno de los más fríos de todo el siglo provocó además la muerte de muchas personas por congelamiento ya que sus casas habían sido destruidas y no tenían donde resguardarse. No fue hasta la primavera de 1945 cuando los aliados comenzaron a enviar centenares de las denominadas neveras con paracaídas con el fin de aliviar el sufrimiento de la población y ante la más que inminente liberación.

+ Operación Market Garden y liberación

En septiembre de 1944 la situación aliada era bastante buena. Los alemanes se retiraban y los aliados habían liberado Francia y parte de Holanda. El único problema que encontraban era la llegada de suministros desde los puertos artificiales de Normandía. Por ello la ofensiva aliada paró cerca de la línea Sigfrido. Las reservas de combustible estaban casi al mínimo y apenas llegaban municiones. Se hacía necesario un golpe de efecto si se quería acabar la guerra rápidamente.

El general Montgomery, recién ascendido a mariscal de campo, propuso entonces la apertura de un nuevo frente desde el cual se pudiese llegar a las zonas industriales alemanas y acabar con las reservas de combustible y suministros del eje. De esta manera sería posible llegar a Berlín antes de las Navidades. El plan que Montgomery llevó al cuartel general aliado de Eisenhower era muy ambicioso y contaba con el asalto aerotransportado de los puentes de Arnhem, Eindhoven y Grave. Con el consiguiente embolsamiento de las defensas alemanas y la pacificación de Holanda se abriría un corredor amplio y nulamente protegido hacia el corazón de Alemania. Aunque Eisenhower no quedó muy satisfecho concedió a Montgomery el mando del XXX Cuerpo de Ejército Británico (formado por el 1º Ejército Canadiense y el 2º Británico), así como la 101 y 82 Divisiones Aerotransportadas de los EEUU y de la 1ª División Aerotransportada del Reino Unido. Los mandos aliados, principalmente los británicos, consideraban que Holanda estaba defendida por ancianos, niños y enfermos, ya que la mayor parte de las tropas alemanas se encontraban defendiendo la retirada tras la línea Sigfrido de las tropas derrotadas en Normandía. Con lo que no contaban era con que el II Cuerpo SS Panzer (II SS Panzerkorps) había sido retirado a Holanda para reorganizarse tras los feroces combates en la zona comprendida entre Cherburgo y Caen. El grupo estaba formado por dos divisiones blindadas, la 9° Waffen SS “Hohenstauffen” y la 10ª Waffen SS “Frundsberg”. Ambas divisiones se habían curtido en el frente del Este, luchando con los formidables tanques soviéticos en diversas batallas. En el frente Oeste supieron contener a las tropas aliadas hasta que las bajas fueron tan amplias que obligaron al Alto Mando a retirarlas de la línea de combate. Aún a pesar de los escasos refuerzos recibidos las dos divisiones eran capaces de hacer frente a una acción enemiga aerotransportada ya que habían recibido entrenamiento en acciones de defensa antiaérea. Junto al Cuerpo Panzer se había creado un Kampfgruppe (grupo de combate formado por diversas unidades con el fin de poder realizar todo tipo de acciones) bajo el mando del teniente general Hans von Tettau. Formado por unos 12.000 soldados y diversos vehículos, tanto capturados a los franceses en el 40 como de fabricación alemana, suponía una defensa bastante heterogénea pero con amplia movilidad y potencia de fuego frente a las divisiones aerotransportadas. Por último, los alemanes contaban con el 1ª Ejército Paracaidista (Fallschimjäger Armee) bajo el mando de Student. Lejos de sus asaltos aerotransportados realizados años atrás este ejército se había convertido en una división más de infantería sin la fuerza suficiente como para rechazar ataques de envergadura.

Los servicios de inteligencia aliados buscaron un levantamiento de la Resistencia holandesa a la vez que se realizaba el ataque aerotransportado con el fin de desmoralizar y confundir a las guarniciones alemanas. Para ello varios agentes se pusieron en contacto con civiles de Nimega, Eindhoven y Arnhem. Por desgracia para los aliados el comandante canadiense encargado de la operación, Lindmans, también conocido como King-Kong, era en realidad un agente encubierto de los alemanes. Estos, avisados a tiempo de la situación, enviaron al sector de Nimega decenas de unidades de refuerzo, incluyendo baterías antiaéreas, alarmas, compañías formadas por soldados de permiso y miembros de las SS y la policía holandesa. La GESTAPO se encargó por su parte de acabar con los líderes holandeses entrando en sus escondites y llevándolos a un viaje sin regreso hacia los campos de concentración. Decenas de muertes acallaron el alzamiento. Montgomery decidió no dar importancia a estos hechos y dio orden de comenzar la ofensiva.

Durante el primer día de ofensiva (17 de septiembre) cayeron del cielo miles de soldados británicos y polacos sobre la zona de Arnhem. Los asustados defensores alemanes buscaron repeler la invasión con graves pérdidas sobretodo para los británicos. Por su parte las tropas americanas y voluntarios belgas y holandeses consiguieron tomar los puentes sobre Nimega y los canales cercanos. Se abrió un corredor que abarcaba desde la frontera alemana hasta la belga. Ello permitió la llegada de apoyo blindado americano y británico. La situación alemana parecía desesperada. Fue entonces cuando apareció el ingenio del mariscal de campo Model. En un alarde de inteligencia y capacidad de liderazgo organizó unas fuertes defensas con escasos efectivos: Eindhoven sería defendida por Student y su Ejército paracaidista ante la 101 División aerotransportada americana. En Nimega la 10ª SS Panzer pararía los cuerpos blindados anglo-americanos con el apoyo de voluntarios y refuerzos provenientes de Alemania e, incluso, de los hospitales. Por último, la 9ª SS Panzer defendería el puente sobre Arnhem y acabaría con la 1ª División Aerotransportada Británica. Ya el día 18 el Kampfgruppe Knaust, recién creado y movilizado, intentó reconquistar el puente de Arnhem mediante la utilización de vehículos blindados si bien tras acabar varios destruidos se desistió por el instante. El Kampfgruppe Tettau, por su parte, intentaba acabar con el 3º Batallón Británico. La Luftwaffe consiguió bombardear sin respuesta varios puentes mientras los cazas y las baterías antiaéreas acababan con decenas de transportes aliados. La ausencia de cazas aliados respondía a una orden llegada desde el Alto Mando británico en la que se pedía no intervenir mientras se diesen operaciones aerotransportadas. Durante todo el día se sucedieron combates de intensidad en las cercanías de Arnhem, donde nuevos cuerpos británicos caían del cielo sobre tropas alemanas fuertemente apostadas y armadas. La razón de que este ataque, planeado para la mañana, se diese horas más tarde fue la salvación de los alemanes: el día había amanecido con niebla en la zona sur, imposibilitando la salida de muchos aparatos. Los aliados habían perdido la superioridad aérea. Model, consciente de esta agradable y en absoluto esperada falta de aeroplanos hostiles ve cada vez más posible la retirada angloamericana. El 19 se torcieron definitivamente las cosas para los cuerpos aliados. Desde Alemania y Dinamarca llegaban decenas de tanques Tigre y cazacarrros Stug III. La infantería alemana se acercaba desde tres puntos a las defensas del puente de Arnhem sin poder ocuparlo. En las cercanías de Eindhoven la 107ª brigada Panzer y la 59ª división de infantería intentaban una operación de pinza contra los defensores, anteriormente atacantes. Tras bastantes horas de combate el ataque se frenó con las últimas fuerzas americanas de la 101ª división aerotransportada. El día 20 supuso una tregua encubierta para recoger algunos heridos. Los alemanes tomaron al fin el puente de Arnhem y sobre él no cesaron de pasar tropas y, aún más importante para los intereses alemanes, blindados. En Nimega, como consecuencia de la tardanza de Model en volar el puente sobre el Waal, los británicos conseguían capturar el centro urbano. Aunque en última instancia se intentó volar el puente los explosivos fallaron sin explicación clara. Algunas fuentes lo consideran como un acto de sabotaje mientras otras creen que fue una mala fabricación del material explosivo la causante del traspiés para los alemanes. Para el día 21, los combates se trasladaban hacia el este y el sur. Los reductos ingleses intentaban ser tomados mientras, con dos días de retraso, comenzaba el salto de los paracaidistas polacos. Su oficial al mando, el general Sosabowski, divisó el puente de Arnhem y los tanques alemanes atravesándolo. Es de elogiar por tanto que continuase con el ataque, ya que suponía una casi segura muerte para él y sus hombres. Mientras, en Nimega las divisiones blindadas comenzaron su avance en dirección a Arnhem, siendo bloqueados por los alemanes bien entrada la tarde. Se produjo entonces uno de los mayores atascos militares de la historia, retrasándose aún más el avance aliado. Durante todo el día 22 los alemanes utilizaron piezas de artillería para bombardear las posiciones de la infantería mientras los regimientos alemanes descansaban. En la autopista del famoso atasco, denominada Autopista del infierno, se sucedían pequeños ataques contra los blindados y las guarniciones británicas y estadounidenses. La RAF canceló de nuevo los vuelos desde Gran Bretaña como consecuencia del mal tiempo, por lo que las reservas de combustible siguieron disminuyendo. Por la tarde una fuerte concentración de tropas alemanas cae en la zona de Veghel causando estragos y recuperando la carretera. Los repetidos intentos por reabrir el corredor acaban en saco roto. Durante la noche y el día 23 los polacos intentaron atravesar el río que les separaba de los británicos. Los alemanes hostigaron en todo momento la retirada. En la zona de autopista recuperada el día anterior por los alemanes se organiza un contraataque que acaba por desalojarlos sin apenas intercambio de fuego. Entre el 24 y el 25 de septiembre se suceden las retiradas aliadas. Durante el primero de estos dos días consiguen salvarse 75 de los 300 polacos atrapados en el norte del río. El resto, junto a varias compañías británicas son capturados. Tan solo los canadienses de Nimega conservaron sus posiciones ante la retirada general. Este saliente fue el punto de partida para que en febrero del año siguiente se realizara la operación Veritable y liberara Holanda.

Esta liberación tuvo lugar formalmente el día 5 de mayo de 1945, cuando las últimas tropas alemanas comandadas por Blaskowitz se rindieron en el Hotel de Wereld, en Wageningen. La guerra había causado cerca de 195.000 bajas civiles víctimas directas de combates, 1.000.000 de civiles más muertos durante el invierno del 45 y unos 8.000 soldados muertos en su mayoría en la invasión del 40.

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Holanda en la Segunda Guerra Mundial (VI)

Al fin, último episodio:
Los servicios de inteligencia aliados buscaron un levantamiento de la Resistencia holandesa a la vez que se realizaba el ataque aerotransportado con el fin de desmoralizar y confundir a las guarniciones alemanas. Para ello varios agentes se pusieron en contacto con civiles de Nimega, Eindhoven y Arnhem. Por desgracia para los aliados el comandante canadiense encargado de la operación, Lindmans, también conocido como King-Kong, era en realidad un agente encubierto de los alemanes. Estos, avisados a tiempo de la situación, enviaron al sector de Nimega decenas de unidades de refuerzo, incluyendo baterías antiaéreas, alarmas, compañías formadas por soldados de permiso y miembros de las SS y la policía holandesa. La GESTAPO se encargó por su parte de acabar con los líderes holandeses entrando en sus escondites y llevándolos a un viaje sin regreso hacia los campos de concentración. Decenas de muertes acallaron el alzamiento. Montgomery decidió no dar importancia a estos hechos y dio orden de comenzar la ofensiva.

Durante el primer día de ofensiva (17 de septiembre) cayeron del cielo miles de soldados británicos y polacos sobre la zona de Arnhem. Los asustados defensores alemanes buscaron repeler la invasión con graves pérdidas sobretodo para los británicos. Por su parte las tropas americanas y voluntarios belgas y holandeses consiguieron tomar los puentes sobre Nimega y los canales cercanos. Se abrió un corredor que abarcaba desde la frontera alemana hasta la belga. Ello permitió la llegada de apoyo blindado americano y británico. La situación alemana parecía desesperada. Fue entonces cuando apareció el ingenio del mariscal de campo Model. En un alarde de inteligencia y capacidad de liderazgo organizó unas fuertes defensas con escasos efectivos: Eindhoven sería defendida por Student y su Ejército paracaidista ante la 101 División aerotransportada americana. En Nimega la 10ª SS Panzer pararía los cuerpos blindados anglo-americanos con el apoyo de voluntarios y refuerzos provenientes de Alemania e, incluso, de los hospitales. Por último, la 9ª SS Panzer defendería el puente sobre Arnhem y acabaría con la 1ª División Aerotransportada Británica. Ya el día 18 el Kampfgruppe Knaust, recién creado y movilizado, intentó reconquistar el puente de Arnhem mediante la utilización de vehículos blindados si bien tras acabar varios destruidos se desistió por el instante. El Kampfgruppe Tettau, por su parte, intentaba acabar con el 3º Batallón Británico. La Luftwaffe consiguió bombardear sin respuesta varios puentes mientras los cazas y las baterías antiaéreas acababan con decenas de transportes aliados. La ausencia de cazas aliados respondía a una orden llegada desde el Alto Mando británico en la que se pedía no intervenir mientras se diesen operaciones aerotransportadas. Durante todo el día se sucedieron combates de intensidad en las cercanías de Arnhem, donde nuevos cuerpos británicos caían del cielo sobre tropas alemanas fuertemente apostadas y armadas. La razón de que este ataque, planeado para la mañana, se diese horas más tarde fue la salvación de los alemanes: el día había amanecido con niebla en la zona sur, imposibilitando la salida de muchos aparatos. Los aliados habían perdido la superioridad aérea. Model, consciente de esta agradable y en absoluto esperada falta de aeroplanos hostiles ve cada vez más posible la retirada angloamericana. El 19 se torcieron definitivamente las cosas para los cuerpos aliados. Desde Alemania y Dinamarca llegaban decenas de tanques Tigre y cazacarrros Stug III. La infantería alemana se acercaba desde tres puntos a las defensas del puente de Arnhem sin poder ocuparlo. En las cercanías de Eindhoven la 107ª brigada Panzer y la 59ª división de infantería intentaban una operación de pinza contra los defensores, anteriormente atacantes. Tras bastantes horas de combate el ataque se frenó con las últimas fuerzas americanas de la 101ª división aerotransportada. El día 20 supuso una tregua encubierta para recoger algunos heridos. Los alemanes tomaron al fin el puente de Arnhem y sobre él no cesaron de pasar tropas y, aún más importante para los intereses alemanes, blindados. En Nimega, como consecuencia de la tardanza de Model en volar el puente sobre el Waal, los británicos conseguían capturar el centro urbano. Aunque en última instancia se intentó volar el puente los explosivos fallaron sin explicación clara. Algunas fuentes lo consideran como un acto de sabotaje mientras otras creen que fue una mala fabricación del material explosivo la causante del traspiés para los alemanes. Para el día 21, los combates se trasladaban hacia el este y el sur. Los reductos ingleses intentaban ser tomados mientras, con dos días de retraso, comenzaba el salto de los paracaidistas polacos. Su oficial al mando, el general Sosabowski, divisó el puente de Arnhem y los tanques alemanes atravesándolo. Es de elogiar por tanto que continuase con el ataque, ya que suponía una casi segura muerte para él y sus hombres. Mientras, en Nimega las divisiones blindadas comenzaron su avance en dirección a Arnhem, siendo bloqueados por los alemanes bien entrada la tarde. Se produjo entonces uno de los mayores atascos militares de la historia, retrasándose aún más el avance aliado. Durante todo el día 22 los alemanes utilizaron piezas de artillería para bombardear las posiciones de la infantería mientras los regimientos alemanes descansaban. En la autopista del famoso atasco, denominada Autopista del infierno, se sucedían pequeños ataques contra los blindados y las guarniciones británicas y estadounidenses. La RAF canceló de nuevo los vuelos desde Gran Bretaña como consecuencia del mal tiempo, por lo que las reservas de combustible siguieron disminuyendo. Por la tarde una fuerte concentración de tropas alemanas cae en la zona de Veghel causando estragos y recuperando la carretera. Los repetidos intentos por reabrir el corredor acaban en saco roto. Durante la noche y el día 23 los polacos intentaron atravesar el río que les separaba de los británicos. Los alemanes hostigaron en todo momento la retirada. En la zona de autopista recuperada el día anterior por los alemanes se organiza un contraataque que acaba por desalojarlos sin apenas intercambio de fuego. Entre el 24 y el 25 de septiembre se suceden las retiradas aliadas. Durante el primero de estos dos días consiguen salvarse 75 de los 300 polacos atrapados en el norte del río. El resto, junto a varias compañías británicas son capturados. Tan solo los canadienses de Nimega conservaron sus posiciones ante la retirada general. Este saliente fue el punto de partida para que en febrero del año siguiente se realizara la operación Veritable y liberara Holanda.

Esta liberación tuvo lugar formalmente el día 5 de mayo de 1945, cuando las últimas tropas alemanas comandadas por Blaskowitz se rindieron en el Hotel de Wereld, en Wageningen. La guerra había causado cerca de 195.000 bajas civiles víctimas directas de combates, 1.000.000 de civiles más muertos durante el invierno del 45 y unos 8.000 soldados muertos en su mayoría en la invasión del 40.

lunes 28 de septiembre de 2009

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Noticia importante

El cráneo que los rusos atribuyen a Hitler es en realidad uno de una mujer.


Adolf Hitler pudo no haberse disparado a sí mismo y quizás ni siquiera murió en su búnker. Un fragmento de cráneo supuestamente del Führer y que era conservado desde hace décadas por los rusos ha resultado ser en realidad de una mujer de unos 40 años, de acuerdo con nuevos estudios de ADN.

Científicos e historiadores han discutido durante largo tiempo sobre la autenticidad de lo que era prueba concluyente de que Hitler se disparó en la cabeza después de tomar una píldora de cianida el 30 de abril de 1945 para evitar caer en manos de los soviéticos. El trozo de cráneo, que presenta un agujero de bala, había sido sacada del búnker de Hitler por el ejército ruso y fue preservada por la Inteligencia Soviética.

Ahora, la historia de la muerte de Hitler tendrá que reescribirse como un misterio, y los teóricos de la conspiración podrán volver a especular con que Hitler no murió en el búnker después de todo.

La historia tradicional es que Hitler se suicidó junto con Eva Braun mientras los rusos bombardeaban Berlín. Aunque algunos historiadores dudaron de que se disparase a sí mismo y sugirieron que se trataba de propaganda nazi para hacerle un héroe, el agujero en el fragmento de cráneo parecía consolidar la teoría inicial cuando fue presentado en Moscú en el año 2000.

Pero análisis de ADN realizados ahora por investigadores estadounidenses cambían todo. "Sabemos que el cráneo corresponde a una mujer de entre 20 y 40 años" ha declarado la arqueóloga de la Universidad de Connecticut, Nick Bellantoni.

"Los huesos parecían muy finos. Los huesos de varón tienden a ser más robustos. Y las suturas donde su juntan las placas del cráneo parecen corresponder a alguien con menos de 40 años, cuando Hitler tenía 56 cuando murió", explicó, según publica el rotativo británico Daily Mail.

El profesor Bellantoni voló a Moscú para tomar muestras de ADM de los Archivos del Estado donde también se conservan los restos de sangre hallados en el sofá del búnker donde se cree que Hitler y Brown murieron juntos.

"Yo tenía la referencia de fotos que los soviéticos tomaron del sofá en 1945 y estuve viendo extacamente los mismos restos en los fragmentos de madera y tela que tenía ante mí. Asi que supe que estaba trabajando en el camino adecuado", dijo.

Todos los restos de Hitler trasladados a Moscú al término de la guerra fueron almacenados en secreto durante décadas, hasta que en 1970 el KGB los incineró y arrojó las cenizas a un río. Únicamente la mandíbula, el fragmento de cráneo y los trozos de sofá impregnados con restos de sangre fueron preservados hasta nuestros días.

Bellantoni estudió los restos tras volar a Moscú para inspeccionar los truculentos restos de Hitler en los archivos del Estado. Sólo se le permitió estudiarlos durante una hora, tiempo durante el que obtuvo muestras de ADN, para su traslado posterior a su laboratorio en Connecticut.

En el centro de genética aplicada, se aplicaron técnicas propias de medicina forense aplicadas al esclarecimiento de crímenes. Para su sopresa, una pequeña cantidad de ADN viable fue extraída. Entonces, lo replicó a través de un proceso conocido como copia molecular para proporcionar suficiente material dedicado al análisis.
Saquen conclusiones

martes 15 de septiembre de 2009

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Me disculpo ante vosotros pero han empezado las clases y tengo que tomarme un descanso para reajustar horarios, estudiar... Tendré el blog sin actualizar una semana más o menos

viernes 11 de septiembre de 2009

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Disculpas y noticia

Siento deciros que no puedo poneros aún más sobre Europa en dos bandos. Estoy acabando otro país antes que Holanda porque la verdad es que es bastante difícil encontrar libros que traten de Holanda y no solo de Hitler ;).

Ahora, news:

España y la SGM:


Cuando, hace setenta años, la Segunda Guerra Mundial dio comienzo, se habían cumplido cinco meses del final de la contienda civil española. Por lo tanto, a pesar de contar con un ejército entrenado y relativamente bien armado, España no estaba en condiciones de embarcarse en un nuevo conflicto. La reconstrucción del país era la primera prioridad para el nuevo régimen político. Ahora bien, desde los primeros momentos y más aún una vez que, a lo largo de 1940, Alemania conquistaba –como si de un castillo de naipes se tratara– cada uno de los países europeos que invadía, no faltaban las voces que sugerían a Francisco Franco que se uniera a la ‘guerra relámpago’ de Adolf Hitler.
Precisamente su cuñado, el ministro de Asuntos Exteriores Ramón Serrano Súñer, era quien mejor representaba a los germanófilos, entre quienes se contaban también numerosos líderes falangistas. Aunque los falangistas no ocultaban sus distancias respecto del racismo que impregnaba la ideología nazi, sentían gran fascinación por la recuperación económica que Alemania había experimentado desde que Hitler ascendió al poder y por el feroz anticomunismo que sus dirigentes despertaban. De todos modos, los falangistas –y el resto del régimen– experimentaban mayor afinidad ideológica con la Italia fascista de Benito Mussolini que con los nazis.
La entrevista de Hendaya en octubre de 1940 entre Hitler y el general Franco iba encaminada a resolver el papel de España en la Segunda Guerra Mundial. Entonces Hitler se encontraba en su mejor momento, con media Europa bajo su poder. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, la historiografía franquista ha expuesto aquel encuentro, como una hábil maniobra de Franco, en la que éste exageró sus pretensiones ante Hitler, con el fin de que el führer se viera obligado a rechazar la participación de nuestro país en la contienda.
Pero no parece que realmente fuera así. Ciertamente, ni para Franco ni para Hitler la entrada de España en la guerra era una prioridad. Lo que España hiciera o dejase de hacer estoy seguro de que nunca le quitó el sueño a Hitler. En aquellos días, lo que verdaderamente le preocupaba era obtener la derrota definitiva de Reino Unido y ultimar los preparativos para la invasión de la Unión Soviética. Derrotada y controlada Francia, España apenas poseía valor estratégico para Hitler, si bien el concurso de nuestro país en la guerra le habría ayudado a controlar el Estrecho de Gibraltar.
Lo más probable es que Franco acudiese a la estación de Hendaya a negociar abiertamente la intervención de España en la guerra. El desacuerdo provino, seguramente, de las exigencias de Franco sobre Marruecos, entonces bajo la autoridad del gobierno francés de Vichy, firme aliado de Alemania.
Meses después, en 1941, cuando Alemania invadió la Unión Soviética, volvieron a aflorar las presiones de los germanófilos. En esos instantes, España optó por una solución intermedia. Conservando su ‘no beligerancia’, que no ‘neutralidad’, envió casi 50.000 soldados al ‘frente ruso’, encuadrados dentro del ejército alemán y con uniforme de la ‘Wehrmacht’. Era la ‘División Azul’. En aquellos meses, obviamente, España vivió los momentos más tensos con los Aliados.
Así, durante la contienda, Franco formuló la peculiar teoría de la ‘guerra de los tres frentes’, aunque, naturalmente, era más propia de un oportunista que de un estadista. En Europa Occidental, España se mantendría neutral, no apoyando ni a Reino Unido ni a Alemania. En Europa del Este respaldaría, sin remilgos, a la Unión Soviética y, en el Pacífico, se pondría del lado de Estados Unidos.
Entretanto, soldados y oficiales alemanes cruzaban la frontera española con total impunidad, con sus vistosos uniformes. Por ejemplo, en Vizcaya, y en concreto en el balneario de Carranza, coincidiendo con el avance de los Aliados en Francia, un batallón de infantería alemán buscó refugio hasta su repatriación al finalizar la guerra.
A principios de 1943, tras la victoria soviética en la batalla de Stalingrado y los avances de los Aliados en el norte de África, todo hacía presagiar que Alemania no podía vencer. El Gobierno español ordenó el regreso de la derrotada División Azul –perdiendo la décima parte de sus efectivos– y declaró la estricta neutralidad. El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, el monárquico Francisco Gómez-Jordana, es el encargado de pilotar el giro de la política internacional española. Quería ofrecer al mundo la imagen de un régimen católico y anticomunista.
No faltaron, incluso, los acercamientos de España hacia los Aliados. En los últimos meses de la guerra, las matanzas perpetradas por los japoneses en las islas Filipinas, en las que murieron decenas de españoles, implicaron que España rompiese sus relaciones diplomáticas con el ya debilitado país nipón e, incluso, que sopesara declararle la guerra. No hacía cincuenta años que Filipinas había dejado de ser territorio español y en aquel alejado archipiélago aún vivían miles de españoles –varios cientos eran misioneros–, que simpatizaban, desde luego, más con los norteamericanos que con los japoneses.
La declaración de guerra contra Japón sólo habría sido simbólica, ya que difícilmente España habría sido capaz de trasladar tropas hasta Extremo Oriente, ni los Aliados lo habrían permitido. Pocos años más tarde, Franco quiso también ponerse a disposición de Estados Unidos, durante la Guerra de Corea, simplemente para ganar su simpatía política y concluir su aislamiento internacional.
Debe apuntarse un hecho no muy conocido y es que en 1944, en pleno retroceso de las tropas del III Reich, un grupo conformado por unos pocos miles de exiliados republicanos penetraron en el valle de Arán, buscando precipitar una intervención de los Aliados, para que éstos invadiesen España y lograsen deponer el régimen de Franco. Pero esta operación fracasó estrepitosamente en todos los sentidos y, enseguida, el ejército español controló la situación.
Mientras tanto, vemos que la política exterior española –durante la Segunda Guerra Mundial– pivotó más sobre el oportunismo político que sobre la convicción ideológica. Impresionado por los acontecimientos internacionales, el joven régimen de Franco maniobró, fundamentalmente, con el único afán de sobrevivir. Y lo consiguió.

miércoles 9 de septiembre de 2009

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Holanda en la Segunda Guerra Mundial (V)

Continuación (penúltimo post) del capítulo de Europa en Dos Bandos: Holanda en la SGM.
Durante la operación Market-Garden se produjeron alzamientos de la resistencia en aquellos lugares donde los americanos y británicos iban llegando. Se sucedieron acciones de represalia contra los colaboracionistas y las prostitutas que se habían acostado con alemanes. Estas acciones iban desde los cortes de pelo a las mujeres hasta los asesinatos sumarios a algunos hombres. Tras el fracaso de la operación (como se puede leer en el siguiente apartado) se sucedieron las represalias, esta vez por parte alemana.

Cerca de un millón de personas perecieron durante el invierno de 1944-45 debido al hambre y a la situación de los campos y ciudades tras los combates de septiembre. La falta de suministros de las tropas alemanas llevó a la Wehrmacht a confiscar prácticamente todos los alimentos existentes. Que el invierno fuese uno de los más fríos de todo el siglo provocó además la muerte de muchas personas por congelamiento ya que sus casas habían sido destruidas y no tenían donde resguardarse. No fue hasta la primavera de 1945 cuando los aliados comenzaron a enviar decenas de neveras con paracaídas con el fin de aliviar el sufrimiento de la población y ante la más que inminente liberación.

+ Operación Market Garden y liberación

En septiembre de 1944 la situación aliada era bastante buena. Los alemanes se retiraban y los aliados habían liberado Francia y parte de Holanda. El único problema que encontraban era la llegada de suministros desde los puertos artificiales de Normandía. Por ello la ofensiva aliada paró cerca de la línea Sigfrido. Las reservas de combustible estaban casi al mínimo y apenas llegaban municiones. Se hacía necesario un golpe de efecto si se quería acabar la guerra rapidamente.

El general Montgomery, recién ascendido a mariscal de campo, propuso entonces la apertura de un nuevo frente desde el cual se pudiese llegar a las zonas industriales alemanas y acabar con las reservas de combustible y suministros del eje. De esta manera sería posible llegar a Berlín antes de las Navidades. El plan que Montgomery llevó al cuartel general aliado de Eisenhower era muy ambicioso y contaba con el asalto aerotransportado de los puentes de Arnhem, Eindhoven y Grave. Con el consiguiente embolsamiento de las defensas alemanas y la pacificación de Holanda se abriría un corredor amplio y nulamente protegido hacia el corazón de Alemania. Aunque Eisenhower no quedó muy satisfecho concedió a Montgomery el mando del XXX Cuerpo de Ejército Británico, así como la 101 y 82 Divisiones Aerotransportadas de los EEUU y de la 1ª División Aerotransportada del Reino Unido. Los mandos aliados, principalmente los británicos, consideraban que Holanda estaba defendida por ancianos, niños y enfermos, ya que la mayor parte de las tropas alemanas se encontraban defendiendo la retirada tras la línea Sigfrido de las tropas derrotadas en Normandía. Con lo que no contaban era con que el II Cuerpo SS Panzer (II SS Panzerkorps) había sido retirado a Holanda para reorganizarse tras los feroces combates en la zona comprendida entre Cherburgo y Caen. El grupo estaba formado por dos divisiones blindadas, la 9° Waffen SS “Hohenstauffen” y la 10ª Waffen SS “Frundsberg”. Ambas divisiones se habían curtido en el frente del Este, luchando con los formidables tanques soviéticos en diversas batallas. En el frente Oeste supieron contener a las tropas aliadas hasta que las bajas fueron tan amplias que obligaron al Alto Mando a retirarlas de la línea de combate. Aún a pesar de los escasos refuerzos recibidos las dos divisiones eran capaces de hacer frente a una acción enemiga aerotransportada ya que habían recibido entrenamiento en acciones de defensa antiaérea. Junto al Cuerpo Panzer se había creado un Kampfgruppe (grupo de combate formado por diversas unidades con el fin de poder realizar todo tipo de acciones) bajo el mando del teniente general Hans von Tettau. Formado por unos 12.000 soldados y diversos vehículos, tanto capturados a los franceses en el 40 como de fabricación alemana, suponía una defensa bastante heterogénea pero con amplia movilidad y potencia de fuego frente a las divisiones aerotransportadas. Por último, los alemanes contaban con el 1ª Ejército Paracaidista (Fallschimjäger Armee) bajo el mando de Student. Lejos de sus asaltos aerotransportados realizados años atrás este ejército se había convertido en una división más de infantería sin la fuerza suficiente como para rechazar ataques de envergadura.


Continuará... mañana
Resto de capítulos:
http://lacronicapolitica.blogspot.com/2009/08/holanda-en-la-segunda-guerra-mundial-iv.html

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